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De una estancia nace un pueblo. (Zacapa).

Ordenanzas.

Abuela, le oí decir el otro día, y de eso no hace mucho tiempo, que al darse el arribo de su señor padre, puro patojo él en ese tiempo, asimismo el de su abuelo a estas tierras de Zacapa, tan solo cuatro lugares poblados levantaban cabeza en calidad de municipios dentro de lo que bien pudo haber sido la organización política-territorial en aquella todavía incipiente vida colonial; luego citó entre esos pueblos a Gualán, a San Pablo Jumuzna, Santa Lucía y a Zacapa.

En una edad tan temprana –me respondió ella-, en que este ahora país, ni era país, ni era República, no pudo haberse dado alguna organización así.   Sería acaso posible, pero no en un momento histórico tan tierno.   ¡Quién sabe!  Poco después de la conquista aquí en el Oriente, refiérome a Zacapa, y que por cierto, se gestó pacífica, Gualán por ejemplo, fue desde sus inicios un centro fortificado, solo eso.    Luego comenzó a organizarse como toda una ciudad poco tiempo más tarde con la apertura de su atracadero compensado a categoría de puerto fluvial importante.  Diría mejor.   ¡muy importante!  Entonces sí, lo organizaron como tal los españoles en base a las Ordenanzas Reales.   A ello agreguemos el haber sido desde el inicio de la ocupación castellana el primer vigía tierra adentro, considerado de también importancia capital allá en las Cortes de España.

                En el caso de mis antepasados, yo soy una criolla, vos lo sabes; mi abuelo y mi padre, bisabuelo y tatarabuelo tuyos, llegaron cuando ya estaba por finalizar el siglo XVIII.    Yo nací en el año 1860.   Para llegar desde España a América, tomaron ellos la misma línea de navegación que los anteriores aventureros al surcar el gran océano Atlántico.   Como resulta, tocan puerto de la Habana, Cuba.   Y después del reconocimiento obligado que les llevó unos seis meses en la isla, cruzan en diagonal el mar Caribe y tocan el puerto Trujillo, enseguida el llamado entonces puerto Caballos, hoy Cortez, hasta alcanzar con mucha dificultad y tiempo, la bahía de Omoa.  Dejan allí el gran velero para navegar por todo el litoral y dan con la barra del Motagua.   Lo surcan corriente arriba hasta que por fin logran atracar en el puerto fluvial de Gualán.

Regreso, ve mi nieto, a tu pregunta.    Esos pueblos lo fueron pues:  Gualán, Zacapa, San Pablo Jumuzna y Santa Lucía.   Los dos últimos, aldeas son ahora, me refiero a San Pablo y Santa Lucía, y pertenecen al municipio de Zacapa, nuestra cabecera ahora, departamental.   Deseo decirte algo que no debe quedarse en el olvido, y aunque de reventa te lo cuento pues yo se lo oía decir a ellos;   Zacapa comenzó a organizarse, ni bien quedó fundado en el año 1551, el histórico Corregimiento de San Cristóbal Acasaguastlán, del cual fue partido; es más, por disposición eclesiástica de nuestra Santa Madre iglesia católica, fue denominado al otorgarle el Curato, como Curato de San Pedro Zacapa, y es, a la fecha de hoy, más el resto de los pueblos con categoría ahora de cabeceras municipales integrantes del nuestro croquis, su nacimiento y fundación se dio de una forma y manera, diría…. ¡romántica!, porque desde el ámbito natural de una estancia, se da el nacimiento del pueblo, organizado tal debía ser en cuanto a los requerimientos expresos de las Ordenanzas Reales en su fundación, quedo asentamiento, como : el levantamiento del acta, documento éste histórico legal en el que debía anotarse el motivo y fecha de la ciudad a fundarse, consignar en la misma la nómina de vecinos futuros en integrar así mismo el nombre de las personas quienes fungirían en el futuro cabildo o ayuntamiento.    Entre otras ordenanzas, que el sitio escogido debía contar con una o varias fuentes de agua, cuya capacidad en su pureza y caudal fuera apropiada para el consumo y riego de los terrenos a cultivar en procura de alimentos.   Así lo decían ellos, que era parte del enunciado en dichas ordenanzas;   también, el contar con canteras y bosques cercanos, no solo para la purificación del ambiente en estos últimos, y en los primeros para disponer del material de construcción de viviendas, que el lugar escogido fuera muy sano y sin peligros en cuanto a desastres naturales; y por último entre otras exigencias, contar con una muy visible salida a la mar océano.    Y en cuanto a lo de ¡romántico!, sumo la pasión, en el encanto y el ferviente deseo en la sociedad de la época, para comprender esa mi expresión.   Te confundo con estas mis apreciaciones respecto a nuestra historia ¿verdad?

  • Su merced no me confunde; por el contrario, me ilustra.

Eso espero mi nieto.  Sin salirme de la realidad del pasado que me ocupa, sustentada en lo que yo pude darme cuenta, más lo que en boca de ellos oía; te diré algo que creo ya lo platicamos posiblemente, pues tanto y tanto hablar se me turba la mente a ratos,  la edad hijo, la edad; … Se da pues el nacimiento de estos pueblos como parto feliz, valga la comparación, en una madre durante el sublime momento del alumbramiento.   Ello, pasado el noviazgo, sólo que en el caso de nuestros pueblos en su nacer, el noviazgo fue con la historia misma.   Al hablarte de estancias, es su significado: “Solar de antigüedad y nobleza”, lo entendés, si no ; ¡aja!, y no porque dicha unidad de vivienda y agrícola estuviera en soledad.  Como te lo he dicho, de una estancia nace un pueblo aquí en Zacapa, eso sí, un pueblo muy urbano y organizado socialmente.

Pero esto no se da de un día para otro.  Y ve, si me aguantás o tenés la voluntad para interpretarme, te lo explicaré más despuesito…

                -¡Claro que sí, abuela! Pero deme campito para consultarle.  Si como lo viera su señor padre y abuelo, bisabuelo y tatarabuelo el uno y el otro míos a su arribo a estas tierras en el entendido que tan solo cuatro pueblos había en lo que hoy es Zacapa en su calidad de departamento, ¿Cuál era la situación del resto?: Estanzuela, Río Hondo, Teculután, Usumatlán, Huité, Cabañas, San Diego y la Union?..

La historia ha de tener un fundamento, hijo.   Muchos de ellos ahora cabeceras municipales, no existían como tales, eran estancias, unos, otros villas y haciendas que los mismos españoles peninsulares o criollos en su afán de desarrollo, organizaran;  emprendedores cual eran, ¡hombres arrechos! Ahora en el particular caso de la Unión y San Diego, diferente fue su nacimiento al resto de los que hoy integran el croquis el departamento.  No fueron estancias.  La Unión, desde que se fundó, toda era un vergel, nace originalmente con el nombre de Monte Oscuro, apartada, lejana al mismo proceso de hispanización, aunque su gente es muy ladina, de corte europeo.    Hasta en la vida poscolonial se le comenzó a conocer dado a lo difícil de llegarle a pie y a caballo.   Eran pues, los albores de la vida pos-independiente…

                -No fue entonces en sus orígenes una estancia abuela.

No, diría mejor un vergel.   Había de todo.   Fauna y flora como en los días de la creación.   Fauna y flora abundante para la dieta de sus iniciales moradores.   Hasta años después la integran como finca, sobre todo cuando se dio el ingreso a Guatemala del grano de oro, el café, cuyas tierras propicias lo han sido por su altura benigna.   Yo conocí la Unión y he de decirte:  antes de ingresar al naciente pueblo, se percibía a distancia el aroma de los cafetos en flor.   En los inicios del siglo, 1907, recibió el nombre de Estrada Carera.  Algunos lambiscones de ese despótico régimen, perros falderos diría yo, muy cercanos a su gobierno, trataron en quedar bien con él, tal se daba en esa época y le dan al naciente pueblo su nombre.   Total es, al darse eso, territorialmente pertenecía al departamento de Chiquimula.   Poco tiempo más tarde pasó dicho municipio a formar parte del departamento de Zacapa, esto mediante a un Decreto Gubernativo del mismo régimen, pero con el nombre de la Unión.   En cuanto al municipio de San Diego….., ¿te me estas durmiendo, verdad?…

                -No.  Adormecido estoy pero de escucharle tantas como interesantes historias.  Siga su merced por favor.    Alimente mi intelecto.

Te hablaba de San Diego.   Es este otro pueblo al igual que el anterior, pero, de vida más reciente por ser su historia más diría, tierna.   Ubicado al igual que la Unión entre altas cumbres montañosas que da gusto por lo sano y agradable del clima.   Aldea fue primero San Diego, perteneciente en ese entonces a la configuración departamental de Jalapa, pero al crearse el departamento de El Progreso, fue elevado en su rango a municipio; sin embargo, al perder El Progreso su categoría de cabecera departamental en el año 1908, San Diego pasó a formar parte de Zacapa en el año 1909.  Así las cosas. Muy diferente al resto de municipios en cuanto a su nacimiento, pues ambos, por haber estado muy distantes del proceso de hispanización surgieron a la vida de esa manera aunque su gente, toda, es de descendencia europea, digo, española….

Que distancia tan distante dista entre usted y yo, abuela. ¡Aaaahh!, pero estos dos municipios sí fueron fundados mediante la suscripción de acuerdos gubernativos o legislativos ¿no?…

Así se dio.  En el caso de los otros fue mediante Cédulas Reales, sujetos a las ordenanzas de las que ya te hablé.   Su origen fue primero, una estancia como el caso del ahora municipio de Estanzuela, cuyo nombre se deriva de “Estancia pequeña”; el otro caso similar es Río Hondo.   Nacieron estos pueblos, pues, bajo el poder absoluto de la Corona española, en tanto que los decretos comenzaron a darse años más tarde, durante la vida independiente, cuando se creó la República en el, el gobierno vitalicio de Rafáil Carrera Turcios, y….

                -Rafael, abuela, no “Rafáil” –le corregí en eso, bruto que soy!, todo un burro en cuatro patas, abusivamente atrevido.  Ella se puso de mal humor porque no era para menos mi infundado atrevimiento en corregir algo que no era para corregirlo.   Su respuesta, más que atinada me puso en mi lugar:

-¡Me da lo mismo impertinente!- me dijo.  Yo me estremecí.    Enseguida sumó a su expresión pero ya menos exaltada.   Me dijo: ¿Por qué a los Tonos les nombran Toños, aunque su gracia sea Antonio?

¡Rico el jalón de orejas, abuela!  Tiene su merced todita la razón.  Soy más que un ¡impertinente! Un mal educado atrevido.   Pero por favorcito se lo ruego, siga su merced con el tema.  Lo que soy yo, le prometo no volver sobre mis errados pasos.

-¡Ay, por Dios Santo! En fin…., seguiré.   Han de estar y estarán pues, que pura patoja yo todavía, pero más cuando maduré, fijé mi atención en ese cambio dado en el naciente departamento a causa de este, como decía mi abuelo Fabián, “fenómeno social evolutivo”.   Porque muchas de esas estancias fundadas por los castellanos tanto peninsulares como criollos, son transformadas en una bonita ciudad poblada convenientemente; emprendedores tal eran nuestros antepasados, hijos de Madre Patria España.   Todo, para vivir comunitariamente en una sociedad bien organizada desde el punto de vista civilizado.  De ello comencé a darme cuenta a finales del siglo XIX, pero mi abuelo referíase a dicho fenómeno muchísimos años antes de su llegada, desde cuando estos sus antepasados se apartan de la gran metrópoli para vivir en los valles.   El caso es que fundan en base a las Ordenanzas Reales el futuro pueblo.   Y con los servicios de un agrimensor realizan a cuerda la traza:  la plaza de armas en primer término, hoy parque central y en torno a ella, una ancha calle bien empedrada.   Fue allí, en ese mismo sector del centro, donde nuestros antepasados dispusieron el predio, digo el sitio en orden de importancia para la construcción del templo católico. ¡Pero, ve mi nieto por amor de Dios!.

                -¿Cuál cosa, abuela?

Yo no sé por qué jodidos se les ocurre en ese momento histórico importante, un algo…;   y ese “algo”, sirvió a lo extenso del tiempo cual lunar…

                -Dirá vuestra merced.

¡El mercado! Me respondió con ímpetu.  Yo espere.  ¡Levantar un mercado cercano a un costado de la iglesia, hijo por el amor de Dios!  Aunque no se dio en todos los pueblos fundados –agrego.  En tanto yo le pregunté:

                -¿Modelo español, acaso?

Dejemos eso.   Fijemos ahora nuestro conocimiento en lo que ya conocemos de estos pueblos.   Construyen pues, la iglesia católica, al estilo barroco español imperante; enseguida, al frente con plaza de armas (hoy parque) separados, levantan el edificio en lo que sería el Ayuntamiento municipal.  ¡Que edificio! Sus paredes anchas y altas, construidas de adobe atravesado hasta dos filas.   Repello con amarre especial por una argamasa producto de la albañilería en ese tiempo: arena y cal, agua, reforzada en su mezcla con leche de vaca y resina sacada del mecate de la corteza del caulote.   Esto, para que pegaran, adobes y repello.

                -Del mecate de caulote, ya lo he visto.  Pero con leche no, en lugar de alimentarse con ella.

En el centro del Ayuntamiento, un enorme portón de dos hojas fortificadas mediante aldabones, láminas metálicas aferradas a gruesos remaches acerados.  Su techo entejado caía en dos aguas y en la línea o filo del alto caballete, lucía una enorme bóveda provista de espacioso tragaluz.  Portonón pues al medio del edificio con vista a la plaza, a los lados puertas y ventanas altas, con vidrios biselados enmarcadas por dinteles tallados en fina madrea, sobre el soporte de jambas.   Allí, en ese portón piso empedrado se apostó por muchísimos años la temible escolta integrada por fieros gendarmes, el oficial al mando y un cornetista.  Al franquear dicho portón se penetraba mediante una calleja a un enorme traspatio ensombrecido por la inmensa fronda de un añoso tamarindo.   En ese tétrico lugar, las cárceles y bartolinas, asimismo las barracas de los gendarmes.    En un corredora techado.  Despuesito del cuarto de banderas, pude ver alguna vez, creo fue en Gualán, un cepo y un torno, reclinados en una mugrosa pared.   Objetos que en los tiempos y apogeo de la colonia, sirvieron como instrumentos de tortura y castigo para los presos políticos y los que acusaban de herejes.

                -Al punto abuela.  Cómo se las arregla, para no perder detalle alguno en sus descripciones ¿Dígame?

Deseo terminar… El frontispicio del Ayuntamiento, resguardado estaba por un ancho, largo y espacioso portal en arcos rebajados, algunos; otros, lucían horcones labrados en fina madera para el sostén del techo también entejado, empotrados estos en pilastras de fino calicanto sobre aquel piso enladrillado.  Desde ese sitio la guardia en retén, vigilaba celosa a los transeúntes.   Cerraba el contorno en dicha plaza, las casas de habitación de los principales: españoles peninsulares en primero orden; atrás y calle por medio, las de los españoles criollos, y todavía mucho más atrás las casas de los ladinos viejos y nuevos.  Muy bonitas eran o son todavía esas residencias de peninsulares.  Anchas sus paredes, techo en dos aguas, entejado, al medio poseían también un espacioso portón piso empedrado, de fina madera en dos hojas y que muy bien le daba cabida a un hombre montado a caballo o bien a un carruaje jalado por esbeltos caballos de tiro.  Y al penetrar por la cochera se llegaba a un traspatio con caballeriza hasta el fondo, lavandería, cocina y horno…

                -Maravilla de descripción.  Pero continúe, abuela –ella con el ánimo fuerte siguió:

Fijate –me dijo-, los adornos en tales portones: aparte del escudo familiar en la parte superior, contaban entre sus adornos figuras metálicas de antiguas caballerías: espadas en cruz, adargas, morriones del siglo XV y XVI, reforzadas las hojas en sus maderos a base de filetes y precintas de acero o hierro forjado mediante gruesos remaches atornillados al puro bronce.   En bronce además, pendiente de un eslabón, una mano puño cerrado montado sobre una figura representada en un blasón heráldico que servía para anunciarse con los de adentro mediante toques accionados desde afuera.   En las casas con portalito al frente, frecuente era observar a sus moradores descansando sobre poltronas cuero de venado o res, apaciguando el ocio del medio día, o bien durante la noche, por el disfrute de la audición en animada banda de músicos, apretujados en el reducido espacio del kiosco con alegres melodías.   Otro cuadro muy peculiar en estas casas de portal al frente, fue ver la presencia de una buena bestia mular o caballar amarrada por el fiador a una argolla sepultada en su base sobre la empedrada calle.  Cuadros fueron éstos del ambiente tranquilo y doméstico que se vivía.

                -Todo un panorama ya poscolonial, abuela.  Y el resto de la población y sus viviendas, ¿cómo eran?

En ese mismo orden urbanístico el poblado se extendía hacia las orillas, donde el panorama era mucho más acogedor y pintoresco entre calles, callejas y callejones a lo rural.   Ahí, en su mayoría, chozas muy bonitas donde abundaban los talleres de artesanos: carpinteros, herreros, peluqueros, zapateros, talabarteros, sastres, tejedores, albañiles y panaderos, muchos alfareros, roperistas, en fin, había de todo, sin excluir la mano de obra ocupada en las labores agrícolas.  Toda una sociedad de clases bien definidas.

El abolengo de los aristócratas, y que todavía existe ¿verdad, abuela? Uno que está abajo, y otro que está arriba.

Todo es cuestión de comprender las diferentes costumbres y culturas, mi nieto.   Eso mismo lo hemos visto entre las culturas aborígenes.  Siempre se da, el que está abajo y el que está arriba, dentro de una sociedad.   Todo depende del grado de desarrollo en cada quien.   Eso sí, sin que haya desprecio del uno y el otro.

Comprendo.   La fisonomía en estos pueblos del oriente, es como las de unos cien años o más atrás, y sin merma en ostentar aún el rostro andaluz, sevillano, o…. Mejor fijo tres ejemplos entre nosotros:   Zacapa, Chiquimula, Teculután, Río Hondo, para solo citar unos pocos.   ¡Ah!, también Gualán, aunque en este último ha desaparecido mucho su antigua fisonomía, no obstante el haber sido un puerto fluvial importante, pero primero que ello, un sitio español fortificado, tal me lo ha contado usted, abuela….  Es más, vuestra merced sabe bien que en lo que soy yo, le envidio la delantera.   Lamento el no haber venido a este mundo en la época en que vuestra gran madre vino.   Ese perfil castellano de nuestros adorados pueblos al haberse casi ya extinguido, me sustrae en mi ánimo al ver el inexorable paso del tiempo y que, cual lo dice una canción:   “Todo lo borra”.   El perfil de antes ya no es el mismo en lo que fuera la efigie en nuestros pueblos.  Y tal le di….

                -Disculpa mi nieto que te corte aunque sangrés en abundancia por tu encono. ¿Cuál, deseo saber, la causa de tu lamento? Poneme atención:  En esa vida, todo, pero todito está sujeto a la ley del cambio.  Como sabrás, es ley engénita, tal, nacer para morir:  la caída de las hojas durante el verano; la muda en la piel de las serpientes.

                -Le comprendo abuela.

Que bueno.     No mires entonces ese pasado a través del cristal de tu preocupación materialista.  Mira a tu alrededor.   Ahí te encontrarás vos mismo, también los que te rodean, digo los ladinos del valle medio del río Motagua.  Y, sin que pequés de racista, apreciá lo que por herencia nos legaron nuestros antepasados castellanos….

                -Me dirá abuela….

¿Qué nos legaron?,   ejemplo: la virtud por el trabajo, el carácter y la fuerza del mismo, nuestro porte, sin importar el tamaño físico, la gallarda forma en que ustedes los varones se paran, la ardiente sangre que nos inunda; con ella, el ímpetu vuelto bondad en nuestras pasiones, nuestros gustos y ostentaciones dado al orgullo de ser lo que somos, mas no orgullosos; además, ser fiel en amistad hasta la muerte, vengativos ante una traición, pero fieles y legales, amigos leales, muy hospitalarios, querendones, muy valientes frente a cualquier adversidad; sensibles, muy sensibles somos a las artes bellas: el teatro, la literatura, el gusto por la danza y los bailes populares, prestos en una reunión amigable a cantarle a la vida; galantes ustedes los hombres ante una dama bonita.   Y no quiero dejar en decirte esto: de cómo defendemos el honor del apellido que llevamos hasta el punto de rifarnos la vida.    Hay más; el arraigado gusto por montar una buena bestia: potro, potranca, no importa si es garañón, o bien lucirse en una bestia mular; todo, purasangre, ataviados como jinetes con pantalón ajustado, camisa a cuadros, sombrero estilo tejano, botas de lujo provistas de un par de espuelas o charras, más las treinta y ocho al cinto, pavón blanco o azul por si se da cualquier inconveniente.   Aficionados somos a las fiestas bravas: corridas de toros, novilladas, monta de broncos, aficionados a las peleas de gallos finos, al juego de barajas, dados o chivo…. ¡PUF!,  todo esto parte es de la herencia recibida, ve hijo, sin que descuidemos los estudios académicos, la buena lectura, ¡por supuesto carajo!.

                -¡Ppor el amor de Dios, abuela!, de todo lo que ha sido capaz de enumerar!

Eso es bien poco, mi nieto, si lo tomamos desde el punto de vista religioso espiritual o bíblico,  “vanidad de vanidades” …. Eso sí, orgullosos sintámonos por la gran herencia recibida: el Verbo de España y nuestra religión católica por cuya afinada espiritualidad contamos con la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, frente al desmedido afán por venerar a la siempre Virgen María.  ¡Y que más, hijo!… Si ella es la Reina del Cielo.   Ante todo ello también, nuestro rotundo respeto por las etnias o culturas aborígenes en este “agora país” donde vivimos.

                -Todo un retrato del hombre del oriente zacapaneco, abuela.

¡Sea por Dios!

¿Qué?… ¿Cómo así, abuela?

¡Se me han de haber quemado los frijoles que puse al fuego!

¡No! Expliqueme por vida suyita.

¡Hay que lu’haiga, no hay pa’onde!  Almorcemos, que las tripas se encogen cuando están vacías…

 

 

Autor: Carlos Arturo Urzúa S.

 

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